BIOGRAFÍAS VINCULADAS, TOMO II

En las obras que estamos presentando, se ha puesto especial atención a las vinculaciones de cada personaje biografiado con otros de similar importancia.   Por esta razón hemos dado el nombre de Biografías Vinculadas.

Este tomo, el segundo, arranca con el origen del reino franco, hacia el año 400 de nuestra era.     En esa época, los francos ocupaban el reducido espacio que en la actualidad correspondería apenas a la región flamenca de Bélgica; dirigido por audaces gobernantes, el reino fue creciendo hasta que, cuatro siglos después, durante el reinado de Carlomagno, alcanzó la mayor extensión que jamás tuvo ni llegaría a tener ninguna nación europea: dos millones de kilómetros cuadrados, aproximadamente la misma superficie que abarca la República Mexicana que -para la Europa de cualquier tiempo- es una extensión enorme.

La división del considerable territorio, entre los descendientes del gran Carlos, acabó constituyendo dos grandes estados europeos que sobrevivieron hasta el siglo XIX: el Sacro Imperio Romano Germánico y el Reino de Francia; este último, regido bajo la monarquía de Hugo Capeto y una larga cadena de herederos que culminó hasta 1848.          Durante este periodo, los reyes gobernantes de las naciones europeas se aliaron para armar batallas épicas que buscaban recuperar Tierra Santa, en poder de los musulmanes, conocidas como “Las Cruzadas”, con resultados no siempre favorables, tanto por el poderío de los contrincantes como los conflictos entre los mismos aliados.

En el siguiente capítulo se muestra, de gran trascendencia para Castilla y para la consolidación de España, el ascenso al trono de Isabel I, “La Católica” que no habría llegado al poder si su hermanastro, Enrique IV “El Impotente”, no hubiera sido víctima del padecimiento que dio origen a su apodo.     Su impotencia, que nadie ignoraba en Castilla, dio lugar a que, su supuesta hija y heredera, Juana “La Beltraneja”, fuera declarada ilegítima y -por lo mismo- incapacitada para acceder al trono.

Refiriéndonos a Inglaterra, hemos dedicado particular atención a la dinastía Tudor, en la que destacaron, tanto el rey Enrique VIII, como su hija Isabel I.      A Enrique VIII se le tiene por un ogro que asesinaba a sus mujeres; en realidad, sólo mandó ejecutar a dos de sus seis esposas.     En contraste, acontecimiento notable durante su reinado, fue la creación de la Iglesia Anglicana, absolutamente independiente del Vaticano.     Por su parte, Isabel I, “La Reina Virgen”, destacó por haber arrebatado a España la supremacía marítima, con la derrota que causó a la llamada “Armada Invencible”.       Por cierto, Isabel I, no podía ser menos que su padre y tuvo -por lo menos- media docena de amantes, dos de los cuales murieron bajo el hacha del verdugo.

También hemos considerado de particular importancia a la reina Victoria I, entre otras razones por la larga duración de su reinado (casi los dos últimos tercios del siglo XIX, 1837 a 1901).      La actual reina, Isabel II, ha ido aún más lejos al alcanzar setenta años de gobierno (2022), seis años más que su tatarabuela Victoria.

La última parte de esta obra la hemos dedicado a importantes gobernantes de Rusia, iniciando con Iván IV “El Terrible” que heredó el poder a la edad de tres años, pero la administración real recayó en su madre; los boyardos, terratenientes, terminaron envenenándola para adueñarse del poder y, por años, Iván se vio obligado a soportar toda clase de vejaciones.    A los trece años pudo escapar y formó un pequeño ejército con el que inició la recuperación del mando; la crueldad con la que trató a los boyardos fue el origen de su sobrenombre.    Ya con el poder recuperado, fue tras la conquista de grandes territorios del oriente europeo y de Siberia.    Por haber arrebatado esta considerable región a los tártaros, el obispo ortodoxo de Constantinopla le dio el título de zar (versión rusa del título de los emperadores romanos: César).

Algunos años después de la muerte de Iván IV, inició la dinastía Romanov, a la que pertenecerían los zares durante los siguientes trescientos años.    Esta dinastía y el Imperio tuvieron su fin con Nicolás II, que, al empeñarse en mantener el autoritarismo de sus antecesores, propició las revoluciones de 1905 y 1917 y, como consecuencia de esta última, la monarquía llegó a su fin y los bolcheviques, bajo la dirección de Vladimir Ilich Ulianov, Lenin, tomaron el poder.  

Él unificó a todas las naciones que habían constituido el Imperio Ruso y formó la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas.     En 1924, cuando falleció, fue sustituido en el poder por Josif Visarionóvich Dzugashvili, Stalin, que gobernó con mano de hierro hasta su muerte, en 1953.

Tras la decadencia del estado socialista, provocada por el largo y nefasto gobierno de Leonid Breshnev, la URSS llegó a su fin en 1991.     Los artífices de la desaparición de la Unión Soviética fueron Mijail Gorbachov y Boris Yeltsin; el primero puso en marcha un programa de profunda reestructuración (Perestroika) acompañado de las aperturas a la libertad de prensa y de discusión (Glasnot); el segundo creó la Comunidad de Estados Independientes, dando plena soberanía a las naciones que habían constituido la URSS.       Con la biografía de estos dos importantes personajes, muy vinculados entre sí, termina este segundo tomo.

Para la ilustración de portada elegí, nuevamente, un busto de Alejandro Magno.    Este libro se presentó en dos ocasiones: el 22 de febrero de 2014 en la sucursal Porrúa del Bosque de Chapultepec, Ciudad de México y el 26 de abril del mismo año en la sucursal Porrúa de Cuernavaca, Mor.    La edición y preparación estuvo a cargo de Carmen Bermejo y la impresión y distribución corrió por cuenta de Editorial Porrúa.

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